Graffiti: estrategia y sentido
Actualmente podemos encontrar expresiones de artistas del graffiti en imágenes publicitarias y en eventos corporativos, las vemos decorando restaurantes y edificios, se lucen en galerías y museos. Muchos de las trabajadoras y trabajadores del arte del mural y del graffiti se sustentan a partir de estas dinámicas económicas. Con el cambio de enfoque asumido por las principales instituciones que rigen el arte y la búsqueda de políticas culturales más plurales y democráticas, es cada vez más inusual encontrar posiciones que no reconozcan el graffiti como arte. Fuera de los espacios de debate artísticos puede haber más reticencias, pero, en términos generales, el graffiti ya no es considerada una expresión contracultural ubicada en los márgenes institucionales y menos aún, asociada a la delincuencia urbana.

Crédito fotográfico: Web personal de Jorge Miyagui
No solo desde el pluralismo de las políticas culturales sino también desde la teoría, resulta difícil negar la categoría de arte a las expresiones de grafiti. George Dickie, desde la Teoría Institucional del Arte afirmó que los contextos institucionales son los que validan una manifestación como arte (2005, p. 17). En otras palabras: si algo está en un museo o galería y las personas conocedoras lo aceptan como tal, es arte. Por su parte, Arthur Danto propuso que para que alguna manifestación sea arte, esta debe tener un “sentido encarnado”, es decir, significar (2015, p. 51). Así mismo, para Danto es necesario que exista el constructo teórico que haga que veamos determinado objeto como arte, es decir, debe existir una teoría que valide una expresión cualquiera como obra de arte (2013, p. 65). Desde estas dos teorías no hay duda que el graffiti es arte. Han existido otras posturas teóricas en la historia del arte occidental, que van desde la relación del arte con lo bello y lo sublime (Kant), con la espiritualidad y el misticismo (Kandinsky), con una supuesta cultura elevada contrapuesta a las expresiones populares (Adorno) o con el formalismo vanguardista (Greenberg) desde las cuales, a lo mucho, podrían considerar el grafiti como una expresión de menor valor frente a las formas tradicionales de arte moderno y contemporáneo. Sin embargo, en el Perú, el caso de Joaquín López Antay dejó lecciones importantes sobre la necesidad de políticas culturales democráticas y plurales. En aquel debate ya superado sobre el valor de la “artesanía” frente al “arte”, el principal aprendizaje fue que el racismo no solo se expresa como denigración a las personas “racializadas” sino como desprecio a sus productos culturales. Podemos leer, desde este enfoque, la diferencia jerarquizada entre arte y artesanía, idioma y dialecto, música y folclore, etc. Sin embargo, ya desde hace un par de décadas, las instituciones artísticas se han reformulado y buscan ser inclusivas y plurales con la diversidad cultural y con las distintas tradiciones de producción artística distintas a las de la academia, entre ellas con el arte urbano y el llamado graffiti.
“Con el cambio de enfoque asumido por las principales instituciones que rigen el arte y la búsqueda de políticas culturales más plurales y democráticas, es cada vez más inusual encontrar posiciones que no reconozcan el graffiti como arte.”
“Con el cambio de enfoque asumido por las principales instituciones que rigen el arte y la búsqueda de políticas culturales más plurales y democráticas, es cada vez más inusual encontrar posiciones que no reconozcan el graffiti como arte.”

Crédito fotográfico: Web personal de Jorge Miyagui
El graffiti se ha legitimado en galerías y museos de arte, también genera ingresos a sus creadoras cuando hacen encargos publicitarios para empresas. Los límites se volvieron más borrosos o “líquidos”, para usar la famosa metáfora de Bauman. David Harvey decía que, en la posmodernidad, la publicidad, “el arte oficial del capitalismo”, incorpora estrategias del arte y el arte incorpora estrategias de la publicidad (Harvey, p. 82). Entonces, ¿Hacemos arte o hacemos publicidad? ¿Acaso no hay diferencia cuando, a fin de cuentas, de lo que se trata es de vender? A partir de las estrategias que planteamos las artistas, nuestros trabajos pueden estar en publicidad, en galerías de arte, espacios comunitarios o activistas. Además, quienes no somos millonarias necesitamos dar soporte económico a nuestra existencia y moverse en el mercado no significa necesariamente ser funcional al neoliberalismo. Sin embargo, no hay que olvidar que, para tener una estrategia, primero hay que tener objetivos dentro de una apuesta vital. ¿Cuáles son nuestras apuestas de vida como trabajadoras y trabajadores del arte? ¿Cuál es el sentido de lo que hacemos? Es pertinente interpelarnos con estas preguntas cuando lo que se nos impone como modelo de civilización es la acumulación a todo costo y el reconocimiento vacío. ¡Larga vida a las trabajadoras y trabajadores del graffiti!
Jorge Miyagui, marzo 2025
“Desde la teoría, resulta difícil negar la categoría de arte a las expresiones de grafiti.”
“Desde la teoría, resulta difícil negar la categoría de arte a las expresiones de grafiti.”
Fuentes bibliográficas:
- Danto, A. (2013) El mundo del arte. Recuperado de: https://www.academia.edu/29111709/El_mundo_del_arte_A._Danto_
- Danto, A. (2015) Qué es el arte. Barcelona: Paidós.
- Dickie, G. (2005) El círculo del arte. Barcelona: Paidos Ibérica.
- Freeland, C. (2003) Pero ¿esto es arte? Madrid: Cátedra.
- Harvey, D. (1998) La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Buenos Aires: Amorrortu editores.
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